Según la
tradición oral, en la barra de Santiago vivió un ricachón de nombre Pachacutec,
el cual tenía comprometida a su hija Chasca con un príncipe de una tribu local.
Chasca, sin embargo, tenía su corazón entregado a un joven pescador de nombre Ayacetl. Ella le veía a escondidas de su padre en la playa; adonde él, además, le cantaba dulces canciones desde su balsa.
Un día nefasto, alguien disparó una flecha a Ayacetl mientras regresaba de la pesca. Un enviado de Pachacutec fue el asesino. A lo lejos Chasca observó el crimen y gritó con horror. Chasca tomó la decisión de acompañar a su amado en la muerte. Amarró una piedra a su cintura y se lanzó al agua.
Al morir Pachacutec en una noche de luna, Chasca apareció por vez primera en una canoa blanca al lado de Ayacetl, y lo hace desde entonces.
Comentario Personal: Esta quizás es de las leyendas más desconocidas de El Salvador, solamente la escuche una vez cuando estaba en el colegio y no creo q muchas personas la hayan escuchado.




